Requerimiento

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Il Requerimiento (in spagnolo ingiunzione) era una dichiarazione di sovranità letta dai conquistadores spagnoli ai nativi del Nuovo Mondo.

Nata in conseguenza delle Leggi di Burgos (1512) e scritta nel 1512 dal giurista regio Juan López de Palacios Rubios (14501524) nel suo trattato "Delle Isole dell’Oceano", voleva essere uno strumento per regolamentare la conquista del Nuovo Mondo.

I conquistadores avevano l’ordine di leggerlo ogni volta che si imbattevano in una popolazione indigena, alla presenza di un funzionario regio. La comprensione da parte degli indigeni risultava spesso impossibile, in quanto il testo veniva letto in spagnolo o in latino, e non nella loro lingua. In molte occasioni i conquistatori misero in pratica l’esigenza legale di leggere il testo prima di attaccare gli indigeni. Lo facevano dalle navi o dalla cime di una collina. Poi, un notaio certificava per iscritto che i nativi erano stati avvertiti.

Alcune testimonianze rivelano che la procedura non era quasi mai rispettata in quanto gli indigeni venivano prima imprigionati e successivamente veniva letta la dichiarazione.

Di impronta fortemente cattolica ed imperialista, il Requerimiento cominciava con una breve storia dell’umanità, culminante con la nascita di Gesù Cristo, che avrebbe trasmesso poi il proprio potere universale a san Pietro e da lui ai suoi successori (ai quali si riconosce la superiorità del potere spirituale e temporale, e quindi una responsabilità per la salvezza delle anime), uno dei quali, all’epoca papa Alessandro VI, aveva donato il continente americano ai portoghesi e agli spagnoli (Trattato di Tordesillas, 1494), verso i quali si richiedeva la totale sottomissione da parte degli indigeni.

In caso di rifiuto o assenza di risposta (eventualità che si ripeteva più spesso), il Requerimiento rappresentava una vera e propria dichiarazione di guerra. Il Requerimiento venne usato per la prima volta da Pedrarias Dávila a Panamá ed entrò in disuso già nel 1525.

Testo[modifica | modifica wikitesto]

(ES)
« De parte del rey, don Fernando, y de su hija, doña Juana, reina de Castilla y León, domadores de pueblos bárbaros, nosotros, sus siervos, os notificamos y os hacemos saber, como mejor podemos, que Dios nuestro Señor, uno y eterno, creó el cielo y la tierra, y un hombre y una mujer, de quien nos y vosotros y todos los hombres del mundo fueron y son descendientes y procreados, y todos los que después de nosotros vinieran. Mas por la muchedumbre de la generación que de éstos ha salido desde hace cinco mil y hasta más años que el mundo fue creado, fue necesario que los unos hombres fuesen por una parte y otros por otra, y se dividiesen por muchos reinos y provincias, que en una sola no se podían sostener y conservar.
De todas estas gentes Dios nuestro Señor dio cargo a uno, que fue llamado san Pedro, para que de todos los hombres del mundo fuese señor y superior a quien todos obedeciesen, y fue cabeza de todo el linaje humano, dondequiera que los hombres viniesen en cualquier ley, secta o creencia; y diole todo el mundo por su Reino y jurisdicción, y como quiera que él mandó poner su silla en Roma, como en lugar más aparejado para regir el mundo, y juzgar y gobernar a todas las gentes, cristianos, moros, judíos, gentiles o de cualquier otra secta o creencia que fueren. A este llamaron Papa, porque quiere decir admirable, padre mayor y gobernador de todos los hombres.
A este san Pedro obedecieron y tomaron por señor, rey y superior del universo los que en aquel tiempo vivían, y así mismo han tenido a todos los otros que después de él fueron elegidos al pontificado, y así se ha continuado hasta ahora, y continuará hasta que el mundo se acabe.

Uno de los Pontífices pasados que en lugar de éste sucedió en aquella dignidad y silla que he dicho, como señor del mundo hizo donación de estas islas y tierra firme del mar Océano a los dichos Rey y Reina y sus sucesores en estos reinos, con todo lo que en ella hay, según se contiene en ciertas escrituras que sobre ello pasaron, según se ha dicho, que podréis ver si quisieseis.
Así que Sus Majestades son reyes y señores de estas islas y tierra firme por virtud de la dicha donación; y como a tales reyes y señores algunas islas más y casi todas a quien esto ha sido notificado, han recibido a Sus Majestades, y los han obedecido y servido y sirven como súbditos lo deben hacer, y con buena voluntad y sin ninguna resistencia y luego sin dilación, como fueron informados de los susodichos, obedecieron y recibieron los varones religiosos que Sus Altezas les enviaban para que les predicasen y enseñasen nuestra Santa Fe y todos ellos de su libre, agradable voluntad, sin premio ni condición alguna, se tornaron cristianos y lo son, y Sus Majestades los recibieron alegre y benignamente, y así los mandaron tratar como a los otros súbditos y vasallos; y vosotros sois tenidos y obligados a hacer lo mismo.
Por ende, como mejor podemos, os rogamos y requerimos que entendáis bien esto que os hemos dicho, y toméis para entenderlo y deliberar sobre ello el tiempo que fuere justo, y reconozcáis a la Iglesia por señora y superiora del universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado Papa, en su nombre, y al Rey y reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y reyes de esas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho.
Si así lo hicieseis, haréis bien, y aquello que sois tenidos y obligados, y Sus Altezas y nos en su nombre, os recibiremos con todo amor y caridad, y os dejaremos vuestras mujeres e hijos y haciendas libres y sin servidumbre, para que de ellas y de vosotros hagáis libremente lo que quisieseis y por bien tuvieseis, y no os compelerán a que os tornéis cristianos, salvo si vosotros informados de la verdad os quisieseis convertir a nuestra santa Fe Católica, como lo han hecho casi todos los vecinos de las otras islas, y allende de esto sus Majestades os concederán privilegios y exenciones, y os harán muchas mercedes.
Y si así no lo hicieseis o en ello maliciosamente pusieseis dilación, os certifico que con la ayuda de Dios nosotros entraremos poderosamente contra vosotros, y os haremos guerra por todas las partes y maneras que pudiéramos, y os sujetaremos al yugo y obediencia de la Iglesia y de Sus Majestades, y tomaremos vuestras personas y de vuestras mujeres e hijos y los haremos esclavos, y como tales los venderemos y dispondremos de ellos como Sus Majestades mandaren, y os tomaremos vuestros bienes, y os haremos todos los males y daños que pudiéramos, como a vasallos que no obedecen ni quieren recibir a su señor y le resisten y contradicen; y protestamos que las muertes y daños que de ello se siguiesen sea a vuestra culpa y no de Sus Majestades, ni nuestra, ni de estos caballeros que con nosotros vienen.
Y de como lo decimos y requerimos pedimos al presente escribano que nos lo dé por testimonio signado, y a los presente rogamos que de ello sean testigos. »

(IT)
« Da parte del re, don Fernando, e di sua figlia, donna Giovanna, regina di Castiglia e León, soggiogatori di popoli barbari, noi, loro servi, vi notifichiamo e vi facciamo sapere, come meglio possiamo, che Dio nostro Signore, uno ed eterno, creò il cielo e la terra, e un uomo e una donna dei quali noi e voi e tutti gli uomini del mondo furono e siamo discendenti e procreati, e tutti quelli che verranno dopo di noi. Ma per la moltitudine della generazione che da questi è uscita da cinquemila anni e ancora più da che il mondo fu creato, è stato necessario che alcuni esseri umani se ne andassero da una parte e altri dall'altra, e si dividessero in molti regni e province, poiché in una sola non potevano sostenersi e conservarsi.
Da queste genti Dio nostro Signore diede l’incarico a uno, che fu chiamato san Pietro che fosse il signore di tutti gli uomini e il superiore di tutti quelli che gli obbedissero, e fosse capo di tutto il genere umano, ovunque gli esseri umani si trovassero in qualunque legge, setta o credenza; e gli diede tutto il mondo come suo regno e giurisdizione, e secondo la sua volontà egli stabilì che la sua sede fosse posta a Roma, in quanto luogo più adatto a governare tutte le genti, cristiani, musulmani, ebrei, pagani o di qualsiasi altra setta o credenza fossero. Egli fu chiamato “papa”, perché significa ammirabile padre, superiore e governatore di tutti gli esseri umani.
A questo san Pietro fu tributata l'obbedienza e il rispetto come a signore, re e superiore dell’universo da quelli che vivevano in quel tempo, e così fecero nei confronti degli altri che dopo di lui furono eletti al pontificato, e così si è continuato fino ad ora, e si continuerà finché finisca il mondo.
Uno dei pontefici passati che al posto di questo successe in quella dignità e sede che ho detto, in quanto signore del mondo fece dono di queste isole e terraferma del mare Oceano ai detti re e regina e ai loro successori in questi regni, con tutto ciò che c’è in essi, come è contenuto in certi scritti che furono stabiliti su ciò, come è stato detto, che potrete vedere se vorrete.
Così le loro maestà sono re e signori di queste isole e terraferma in virtù della suddetta donazione; e alcune altre isole e quasi tutte cui questo è stato notificato hanno ricevuto le loro maestà come tali re e signori, e li hanno serviti e li servono come devono fare dei sudditi, e con buono volontà e senza alcuna resistenza, e poi senza dilazione, appena furono informati delle cose suddette, obbedirono e ricevettero gli uomini religiosi che le Loro Altezze inviavano loro perché predicassero e insegnassero la nostra santa Fede, e tutti loro, di loro libera e spontanea volontà, senza alcun premio né condizione, sono diventati cristiani e continuano ad esserlo, e le Loro Maestà li ricevettero lietamente e benignamente, e comandarono di trattarli esattamente come gli altri sudditi e vassalli; e voi siete tenuti e obbligati a fare la stessa cosa.
Quindi, come meglio possiamo, vi preghiamo e vi chiediamo che intendiate bene ciò che vi abbiamo detto, e che per intenderlo e deliberarvi vi prendiate il tempo che fosse giusto, e riconosciate la Chiesa come signora e entità suprema dell’universo, e il sommo Pontefice, chiamato papa in suo nome, e il Re e la regina donna Giovanna, nostri signori, in suo luogo, come superiori e re di queste isole e terraferma, in virtù della suddetta donazione, e che consentiate e diate modo che questi padri religiosi vi dichiarino e predichino il suddetto.
Se farete questo, e tutto ciò cui voi siete tenuti e obbligati, farete bene, e le Loro Altezze e noi in loro nome vi riceveremo con tutto l’amore e la carità, e vi lasceremo le vostre moglie e i vostri figli, e le fattorie libere e senza vincolo di servitù, perché di queste e di voi stessi voi facciate liberamente quello che vogliate e riteniate bene: non vi obbligheremo a farvi cristiani, se non nel caso che voi, informati della verità, vogliate convertirvi alla nostra santa Fede cattolica, come hanno fatto quasi tutti gli abitanti delle altre isole, e oltre a ciò le Loro Maestà vi concederanno privilegi ed esenzioni, e vi faranno molti doni.
Ma se voi non faceste ciò, o in ciò voi interponeste maliziosamente delle dilazioni, vi faccio sapere che con l’aiuto di Dio noi entreremo potentemente contro di voi, e vi faremo guerra da tutte le parti e i modi che potremo, e vi assoggetteremo al giogo e all’obbedienza della Chiesa e delle Loro Maestà, e prenderemo le vostre persone, e le vostre mogli e i vostri figli e li faremo schiavi, e come tali li venderemo e disporremo di loro come le Loro Maestà comanderanno, e vi prenderemmo i vostri beni, e vi faremo tutti i mali e i danni che potremo, come si fanno ai vassalli che non obbediscono né vogliono ricevere i propri signori e oppongono loro resistenza e disobbedienza; e dichiariamo che le morti e i danni che faranno seguito a ciò saranno attribuiti alla vostra colpa e non alle Loro Maestà, né a noi, ne a questi signori che vengono con noi.
E chiediamo al presente notaio che ci dia un certificato firmato di ciò che diciamo e richiediamo, e preghiamo i presenti che siano testimoni. »
(testo del Requerimiento)

Fondamenti giuridici e reazioni[modifica | modifica wikitesto]

Quando ormai la conquista nel Nuovo Mondo era avviata, alcuni teologi pensarono che spogliare i nativi americani delle loro terre senza avviso né diritto legale, avrebbe messo in pericolo la salvezza eterna dei re spagnoli. Il Requerimiento venne elaborato proprio come soluzione a questo problema, alla luce della dottrina scolastica della "Guerra giusta": scritto per essere letto di fronte ai nemici prima che cominciasse la battaglia, il documento dava loro l’opportunità di sottomettersi pacificamente all'autorità legittima dei re di Castiglia e Aragona. La ribellione a questa opportunità sarebbe stata una "giusta causa" per una guerra contro di loro: se i nativi non accettavano l’autorità reale, sarebbero stati colpevoli “delle morti e dei danni che da ciò seguiranno”.

Sul Requerimiento, fra Bartolomé de las Casas disse:

« È una presa in giro della verità e della giustizia, un grande insulto alla nostra fede cristiana, alla pietà e alla carità di Gesù Cristo, e non ha alcuna legalità. »

Significativa fu anche la risposta che la lettura del Requerimiento, fatta dal conquistatore Martín Fernández de Enciso, ispirò ai cacicchi delle tribù del fiume Sinú, nell'attuale Colombia:

« Quando diceva che il papa era signore di tutto l’universo al posto di Dio, e che aveva fatto dono di quella terra al re di Castiglia, dissero che il papa doveva essere ubriaco quando lo fece, visto che dava ciò che non era suo, e che il re che chiedeva e riceveva quel dono doveva essere un folle, visto che chiedeva ciò che era di altri, e che venisse lì a prendersela, e quelli avrebbero infilato la sua testa su un palo, come già ne avevano altre, di loro nemici. »

Voci correlate[modifica | modifica wikitesto]

Bibliografia[modifica | modifica wikitesto]

  • David E. Stannard, Olocausto americano - La conquista del nuovo mondo, Bollati boringhieri, 1992, ISBN 88-339-1362-7.
  • Silvia Benso, La conquista di un testo: il Requerimiento, Bulzoni, 1989, ISBN 978-88-7119-051-8.